13:00 - sábado 22 de septiembre
A RAFAEL ALBERTI, EN MEMORIA COMPARTIDA
Homenaje en el 110 aniversario de su nacimiento
 
[crónica] Hacia una alianza del mundo de la cultura contra el capitalismo
 
 
INTERVIENEN
 
Paco Algora, Emma Cohen, Lucía Sócam, Felipe Alcaraz, JPJ Scotta, Juan Pinilla, Marta Sanz, Juan Ramón Sanz, y más poetas y artistas.
 
Presentación del libro
"A Rafael Alberti, en memoria compartida"
 
Editorial Atrapasueños / PCE.
 
El homenaje se clausura con el acto músico-poético "Memorias de la Melancolía".
 
Vivimos en estos tiempos el resurgimiento de la rebeldía social y la movilización popular contra la dictadura de los mercados. Momento en el que resuena en el imaginario colectivo de la izquierda el eco poético y político de una serie inolvidable de versos. Quizás sea Alberti el poeta que nos llegue más directamente a ese corazón de la memoria que relanza la lucha y la conecta con la política en su sentido más intenso y limpio.
 
Se cumplen 110 años del nacimiento de Rafael y su recuerdo es siempre una espoleta de compromiso y de saber poetizar desde el punto de vista de la explotación y el compromiso. Por eso "A Rafael Alberti, en memoria compartida" arranca como arrancó en Alberti a partir de 1930 una posición que fue definitiva en su vida y en su obra, a través de un poema que él repartió y pegó en las paredes proclamando, en forma de Elegía Cívica, una apuesta insobornable: Con los zapatos puestos tengo que morir.
 
 
Con los zapatos puestos tengo que morir
(Elegía cívica. 1 de enero de 1930)

Será en ese momento cuando los caballos sin ojos se desgarren las tibias contra los hierros en punta de una valla de sillas indignadas junto a los adoquines de cualquier calle recién absorta en la locura.
Vuelvo a cagarme por última vez en todos vuestros muertos en este mismo instante, en que las armaduras se desploman en la casa del rey,
en que los hombres más ilustres se miran a las ingles sin encontrar en ellas la solución a las desesperadas órdenes de la sangre.
Antonio se rebela contra la agonía de su padrastro moribundo.
Tu eres el responsable de que el yodo haga llegar al cielo el grito de las bocas sin dientes,
de las bocas abiertas por el odio instantáneo de un revólver o un sable.
Yo sólo contaba con dos encías para bendecirte, pero ahora en mi cuerpo han estallado 27 para vomitar en tu garganta y hacerte más difíciles los estertores.
¿No hay quien se atreva a arrancarme de un manotazo las vendas de estas heridas y a saltarme los ojos con los dedos?
Nadie sería tan buen amigo mío,
nadie sabría que así se escupe a Dios en las nubes
ni que las mujeres recién paridas claman en su favor sobre el vaho descompuesto de las aguas
mientras que alguien disfrazado de luz rocía de dinamita las mieses y los rebaños.

En ti reconocemos a Arturo.

Ira desde la aguja de los pararrayos hasta las uñas más rencorosas de las patas traseras de cualquier piojo agonizante entre las púas de un peine hallado al atardecer en un basurero.
Ira secreta en el pico del grajo que desentierra las pupilas sin mundo de los cadáveres.
Aquella mano se rebela contra la frente tiernísima de la que le hizo comprender el agrado que siente un niño al ser circuncidado por su cocinera con un vidrio roto.
Acércate y sabrás la alegría recóndita que siente el palo que se parte contra el hueso que sirve de tapa a tus ideas difuntas.
Ira hasta en los hilos más miserables de un pañuelo descuartizado por las ratas.
Hoy sí que nos importa saber a cuántos estamos hoy.

(…)