11:00 - domingo 23 de septiembre
HOMENAJE A LAS CAMARADAS
JULIA MANZANAL Y TRINIDAD GALLEGO
 
Presenta y modera
 
Carmen Martiarena, EPK.
 
Intervienen
 
Sagrario Losada, Secretaria de la Mujer del PCM
Amparo Ardanuy, Secretaria de la Mujer del PSUC Viu
Paloma Martín Torpedo, Secretaría de la Mujer del PCE
Carmen Madorran, lectora de frases de Julia Manzanal
 
JULIA MANZANAL

Julia Manzanal Pérez nació en Madrid el 18 de febrero de 1915. A los 3 años comienza a ir a clase y a los 11 a trabajar. En la fábrica Standard recibirá su primer baño de sangre de manos de la Guardia Civil. Como cigarrera Julia llegará a contra con 24 oficialas trabajando con ella.

El 18 de Julio de 1936 ingresa en el PCE, conviertiéndose en instructora de las primeras milicias organizadas en Madrid. Casi de inmediato, el 3 de noviembre de 1936 ante la inminente entrada de las tropes de Franco, es nombrada Comisario Político del Batallón Comuna del 5º Regimiento, que cubre la defensa del Puente de Toledo, Carabanchel y Usera.

Desde la orden de retirada de las mujeres de los puestos de mando militares y la disolución del 5º Regimiento en el Ejército regular republicano, Julia pasa a realizar trabajos en la retaguardia madrileña desde la Comisión de agitación y propaganda del Comité Provincial del PCE.

Terminada la Guerra Civil es detenida y condenada a muerte, pena que le es conmutada, pasando varios años en las cárceles de Ventas, Amorebieta, donde muere su primera hija, y Palma de Mallorca, donde es testigo del suicidio de Matilde Landa .

Recobrada la libertad se casará con Gonzalo Gil “Chalo”, antiguo comisario del 5º Regimiento y amigo de la juventud.

Tras la muerte de Franco y la vuelta de la democracia a nuestro país, participa en la organización de la Federación de Pensionistas y Jubilados de CC.OO, de cuya primera ejecutiva forma parte, en la Unión de Excombatientes. Desde el 2001 recorre media España denunciando los horrores perpetrados por la dictadura franquista a partir de sus vivencias personales. Meses antes de su muerte, se incorporó a la denuncia de las desapariciones de los hijos de las madres presas. Falleció el 15 de febrero de 2012.

TRINIDAD GALLEGO

Madrileña, nació en 1913 en el seno de una familia de clase trabajadora instalada en la portería que regentaba su abuela en un inmueble del acomodado barrio de Salamanca. Esta circunstancia, añadida al hecho de que se trataba de una familia exclusivamente compuesta por mujeres definió, según ella misma dejaría contado, su posterior trayectoria vital: nieta de portera e hija de costurera, niña pobre en un barrio burgués, joven tempranamente concienciada de los problemas de justicia social, mujer entregada a ayudar a los demás a través de su oficio como enfermera y comadrona… con un carácter independiente fuertemente marcado por la educación recibida de su abuela, Trinidad Mora.

Comunista de tiempos difíciles –se afilió en 1935, en pleno bienio negro- fundó, con varias compañeras, el llamado Comité de Enfermeras Laicas que protestó contra el monopolio de plazas de hospital por parte de las órdenes religiosas femeninas. El sábado 18 de julio de 1936 fue destacada por su partido al hospital clínico de San Carlos, donde formó parte importante del comité y se sumergió en los trabajos de organización y asistencia hospitalaria. Posteriormente y hasta el final de la guerra, trabajaría militarizada en diferentes hospitales, siempre como quirofanista pese a su especialidad de matrona.

En abril de 1939 fue detenida y encarcelada junto con su madre y su abuela, que por aquel entonces contaba 87 años, en la prisión de Ventas. Su testimonio da fe de las criminales condiciones de hacinamiento de la cárcel de aquellos días: andando el tiempo contaría que fueron siete las que durmieron aquella primera noche en su celda de la tercera galería izquierda, diseñada para acoger a dos presas. En junio, abuela, madre y nieta fueron condenadas a treinta años de prisión. En seguida se incorporó Trinidad a trabajar en la enfermería de Ventas, poniendo su saber al servicio de paliar en lo posible la mortandad de niños y de mujeres, al lado de compañeras como Celia Acedo o María Lacrampe.

Su cualificación como comadrona motivó que poco después fuera trasladada a la prisión maternal habilitada en el antiguo Instituto escuela del Alto del Hipódromo. En septiembre de 1939 fue trasladada junto con su madre y su abuela al penal de Amorebieta (Vizcaya): de su labor como enfermera siempre guardaría un grato recuerdo Julia Manzanal, la Comisario Chico, que perdió a su hija en aquella prisión. Posteriormente las tres serían liberadas en aplicación del correspondiente decreto, aunque Trinidad no tardaría en volver a prisión. Liberada en 1941, al año siguiente volvería a ser detenida y encarcelada primero en Ventas y luego en la prisión maternal de San Isidro, de donde sería finalmente excarcelada en 1943.

Todavía a finales de 1946 volvería a ser detenida en Jaén y juzgada “por auxilio a bandoleros”, por ayudar a un grupo de guerrilleros. La estancia en la prisión de Jaén debilitó hasta tal punto su salud que, gravemente enferma de anemia, fue trasladada nuevamente a Ventas, por entonces convertida en hospital penitenciario. De allí saldría por fin en julio de 1949.

Para entonces tanto su abuela como su madre y su tía habían muerto. Trinidad dejaba atrás tres estancias en prisión por un total de siete años largos, repartidos en dieciséis cárceles. A sus treinta y seis años decidía comenzar una nueva vida en Barcelona. Careciendo de permiso para trabajar legalmente, empezó poniendo inyecciones en Nou Barris, en aquel entonces todavía una barriada de la periferia. Hasta 1969 no le fueron reconocidos oficialmente los títulos de enfermera y comadrona. Integrada tempranamente en el PSUC, no abandonaría la militancia hasta su muerte

En 1996, la Librería de Mujeres de Madrid decidió celebrar el 65º aniversario de la proclamación de la Segunda República homenajeando a todas aquellas mujeres que habían luchado por defenderla en la guerra y en la dictadura: allí estuvo Trinidad, con compañeras como Rosario Sánchez la Dinamitera, Carmen Blázquez o la propia Julia Manzanal. Ese sería también el año del nacimiento de la Associació Dones del 36, ganadora del premio Maria Aurèlia Capmany y formada por mujeres de diversas ideologías empeñadas en transmitir sus vivencias y experiencias –la Segunda República, la guerra, el franquismo- a las jóvenes generaciones. Con Trinidad –la veterana- como presidenta, mujeres como Victoria Carrasco, Carme Casas, Rosa Cremón, Enriqueta Gallinat y Maria Salvo recorrerían escuelas, facultades y bibliotecas durante toda una década.

El 9 de noviembre de 2011 falleció Trinidad Gallego Prieto., nos deja la voluntad de lucha y de denuncia de lo injusto, la pasión y el amor por la gente. Con toda esta trayectoria a sus espaldas, Trinidad fue también esa anciana que cuando las jornadas de Seattle y Génova se posicionaba contra la globalización económica y el liberalismo. O criticaba las pompas huecas y pretenciosas del Fórum de las Culturas de Barcelona. O denunciaba la privatización de la sanidad pública: bien sabía ella de sus males y consecuencias, como enfermera de toda la vida.